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 Cuentos Romanticos

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Jimena
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MensajeTema: Cuentos Romanticos   Mar Abr 27, 2010 2:51 am

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Última edición por Jimena el Dom Ago 01, 2010 5:35 pm, editado 2 veces
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Jimena
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Lun Abr 26, 2010 10:49 pm

Diario de una mujer enamorada
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Hoy he estado con el como cada dia, pero no ha sido como otros...
Empezare contando nuestra historia.

Tenemos vidas diferentes...edades diferentes...vivimos en distintos lugares...pensamos de diferente forma, pero sentimos las mismas cosas nunca antes habia amado como lo hago, nunca antes habia sentido lo que siento, tampoco antes hubiera entregado mi alma como lo hago desde que le conoci.

Estamos mas de dos años juntos, pero fisicamente unas cuantas horas, unas horas inolvidables, que quedaran grabadas en mi corazon para el resto de mi vida.

Hoy ha sido un buen momento para empezar mis relatos por aqui, pues el dia esta ensombrecido por un pequeño error por mi parte, aun sabiendo que cada dia he de aprender que el es diferente a mucha gente a lo que llamariamos " normal"para muchas personas seria un horror lo fuera de lo "normal" que es, pero para mi ha sido una bendicion, dado que nadie podria nunca saber lo que es la infinita ternura a la que puede llegar un hombre que aparentemente parece hecho de hielo.

Nadie entenderia nunca mi forma de amar..
Nadie entenderia nunca mi entrega...
Nadie entenderia nunca que moriria en sus brazos, aun a sabiendas que podria ser con una facilidad asombrosa.
Soy culpable...culpable por amar como lo hago.
Algun dia pagare mi culpa...


Fuente: relatos.escalofrio.com


Última edición por Jimena el Dom Ago 01, 2010 5:36 pm, editado 3 veces
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Jimena
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Lun Abr 26, 2010 11:11 pm

El destino contra el amor

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La siguiente historia cuenta como el destino no deja que el amor gane la batalla.

Hay un dicho que dice - “si a un chico le gusta una chica y no se lo dice pronto mas vale q le quiten a la chica y le llamen tonto”... ahora verán por que les digo esto

He crecido y vivido con todos mis amigos toda mi vida pero a mi solo me gustaba estar con una chica con la que me llevaba bien desde siempre ella era una gran amiga siempre hablábamos jugábamos éramos como hermanos...
A medida q los años pasaban mas unidos estábamos ella siempre me contaba sus cosas y yo siempre le contaba las mías íbamos a colegios distintos asi que siempre había alguna historia que contar.

A los 14 años empecé a darme cuenta de que ella no solo era una amiga para mi la empecé a mirar con otros ojos por dios era preciosa decía para mis adentros esos ojos me cautivaron esos ojos verdes esa mirada que jamás he olvidado....

Ella empezó a salir con un chico y venia a contarme lo que hacia con el, como se reía y se lo pasaba con el.
Cada vez que escuchaba algo sobre el, una sensación de angustia perseguía a mi cuerpo, yo no hacia mas que preguntarme que me esta pasando, ¿que es lo que me pasa?, ¿por que me siento así? si para mi es mi mejor amiga.

Se lo conté a mi madre para que me aconsejara de lo que me ocurría. Le pregunte que si me estaba volviendo loco o si me estaba poniendo enfermo, mi madre me miro a los ojos y con una sonrisa me cogio de la barbilla y me dijo no, no estas enfermo ni te estas volviendo loco no es eso hijo lo que te pasa es que te has enamorado de Dana (así se llama ella) y esa angustia que recorre tu cuerpo se le llaman celos.

Todos los días venia a verme, pero ya no era lo mismo, su tema de conversación era su novio, ya nunca salíamos a dar una vuelta, se distancio de mí hasta que dejamos de hablar.

Un día estaba en el parque, hablando con mis amigos, después de 2 años en mantenerme a la sombra y estar con una chica que era maravillosa, no podía olvidarme de Dana, aunque aun vivíamos en el mismo vecindario, no sabia nada de ella.

Esa tarde estando en el parque con mis amigos la vi. Era ella no me lo podía creer y estaba más guapa que nunca se me quedo mirando pero vi que no se atrevía acercarse a mí así que decidí hacerlo yo, nos miramos y le dije:

-Hola ¿cómo te va todo?
- bien la verdad es que no me puedo quejar, no me he acercado por que no estaba segura de sí querías saber de mí.
- me alegro de te vaya todo bien

Me di media vuelta y cuando me iba me dijo que si podíamos quedar alguna tarde así que así fue sucediendo, nos empezamos a ver y ponernos al día de lo que nos había ocurrido en estos dos años.

Una tarde que habíamos quedado, estaba nervioso, me había decidido a declararme después de tantos años, a decirle todo lo que sentía hacia ella, pero el destino no quería que estuviera con ella...

Cuando me disponía a salir de mi casa sonó mi móvil conteste:

-¿Sí?
- David soy la madre de Dana, siento decirte que Dana ha sido atropellada por un coche y no le queda mucho, me ha dicho que te llame, quiere verte.

Colgué el móvil y me subí al coche, corrí y corrí todo lo que pude, pero cuando llegue ya era tarde, era tarde para todo, se había ido sin poder decirle cuanto la amaba y que en todo este tiempo, no la había olvidado y que la había echado mucho de menos.
Su madre se acerco a mí llorando y me abrazo, entonces me dio un papel era una carta de ella, que yo no me atreví a abrir en aquel momento.

Por febrero o así limpiando mi habitación encontré aquella carta hay estaba cerrada tal y como la guarde así que me arme de valor suficiente y la abrí y esto es lo que decía:

David te quiero, te quiero desde hace años, pero jamás tuve el valor suficiente para decírtelo, ahora que llega mi final, tengo que decirtelo antes de marcharme, para mi solo has existido tu, quiero que sigas adelante y que te enamores de una chica, que te sepa apreciar por que vales muchísimo, eres el chico mas maravilloso de la tierra y siempre estaré a tu lado, siempre te querré y no te olvides de mi jamás, me voy solo con el único temor, de que no volveré a ver tu sonrisa, tus ojos, pero se que no me queda tiempo, para temer nada, por que ya es tarde.... Besos Dana.

Por eso aquel dicho, pero quien me la arrebato no podía luchársela y tampoco pude decirle cuanto la quería.


Fuente: relatos.escalofrio.com


Última edición por Jimena el Dom Ago 01, 2010 5:39 pm, editado 3 veces
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marytza
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Jue Mayo 13, 2010 11:59 pm

HAY JIMENA QUE LINDAS HISTORIAS TE FELICITO CON LO QUE ME GUSTA LEER HAYYYYYYY QUE ROMANTICO AMIGA BESITOS ESTOY POR ACA RECORRIENDO UN POCO EL FORO. BESITOS....
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aye_uber
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Vie Mayo 14, 2010 4:05 pm

Estan re lindas las historias!! Sigue publicando mas =) =)
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Jimena
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Sáb Mayo 15, 2010 7:07 pm

Gracias chicas por sus comentarios me alegro que les haya gustado lamento no haber podido subir mas es que tuve semanas de examenes pero muy pronto estare subiendo más muchos cariños

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Última edición por Jimena Izambard el Lun Jun 28, 2010 6:45 pm, editado 1 vez
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Jimena
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Dom Mayo 16, 2010 6:44 pm

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La casa estaba totalmente en calma, silenciosa, a excepción del sonido del piano que flotaba en el aire, proveniente de mi viejo gramófono. La sonata que se reproducía era el “Prelude Nº 15 en Db major de Chopin”, más conocido como “Raindrops”, que significaba “Gotas de Lluvia”
-Gotas de lluvia… como aquel día.-susurré.
-¡Abu Nadia, abu Nadia!-dijo de pronto una hermosa niña de 6 años mientras corría hacia mis piernas-¡George me quiere tocar con su mano llena de mocos! ¡Dile que pare!
-¡Es mentira, es mentira!-respondió este, dos años mayor que su hermana tras ella-¡Sólo me he rascado la nariz!
Sonreí.
-Niños, ¿Por qué no escucháis esta música en vez de armar tanto jaleo? Si seguís así la abuela no os dará caramelos hoy.
George miró a Aurora, y a su vez ella le miró a él.
-Preferimos escuchar un cuento de los tuyos.-dijeron con una enorme sonrisa en sus rostros.
-¿Ah, si? Bien… pues os voy a contar una historia de amor muy bonita que se desarrolló aquí, en Mallorca.
-¿Amor?-Dijo Aurora con emoción.
-¿Amor?-Repitió George con desprecio.
-Escuchad: Había una vez, hace ya muchos años, aquí en Mallorca vivía una hermosa jovencita de ojos claros y cabello moreno,-los dos chiquillos se sentaron y cruzaron las piernas, dispuestos a escuchar de principio a fin la historia- veréis, ella era muy feliz con sus padres, pero necesitaba salir de la isla, había pasado aquí atrapada sus últimos 21 largos años de vida, y su sueño era viajar a otros lugares, conocer gente y encontrar el amor. Y pensó que aquí jamás hallaría todo eso. Por muy mayor que fuera ya, no podía marcharse, pues ella pertenecía a una clase social muy alta, y una muchacha sin saber apenas cómo era el mundo allá fuera no podía irse de viaje sola. Así que se desahogaba en su habitación tocando en su gran piano blanco nocturnos y preludios de su compositor favorito: Frédéric Chopin.
Un día de lluvia, ya a mediados de diciembre, mientras ella tocaba el piano, alguien llamó a la puerta de su gran mansión. Las criadas con desgana caminaron hacia la entrada, y cuando vieron a aquel hombre desgarbado, con barba y empapado, dudaron de si dejarle entrar o no. Fue gracias a la joven que le dejaran pasar allí la noche, curiosa por el inesperado invitado. Pero al día siguiente, el pobre hombre no podía ni abrir los ojos de su cansancio, tosía y su respiración era pesada, pero no anormal. Decidieron acogerlo hasta que se recuperase. Varios días más tarde, cuando el joven comenzaba a hablar, los padres de la muchacha le hicieron cientos de preguntas, ya que no sabían nada de él y tampoco si era seguro tenerlo alojado o no. Poco pudieron averiguar, sólo que su familia le había rechazado y no tenía a dónde ir, llegó hasta aquí en un pequeño barco turístico haciéndose pasar por un empleado, y a la pregunta sobre el estado de su salud él sólo respondió que tenía un catarro por culpa de la lluvia del otro día…
Pero el joven, a medida que pasaban las semanas, adelgazaba más y más, tenía horribles sudores y tos continua. Los padres empezaron a evitar entrar en el cuarto lo menos posible, por miedo a que alguien se contagiase.
-¡Oh! Pobre hombre,-dijo Aurora- seguro que lo pasó muy mal.
-La verdad es que sí,-respondí- su vida nunca fue fácil.
Una noche de enero, la joven entró en el cuarto de invitados, justo donde se hallaba el extraño visitante. Intrigada por su pasado, decidió hacerle un pequeño interrogatorio; él aceptó, pues se lo debía tras haberle salvado la vida aquella tarde lluviosa de diciembre, aunque con una condición: que no le contase nada a nadie. Ella accedió. Tras varias preguntas no demasiado importantes, la muchacha sin más rodeos le preguntó por qué su familia le había rechazado, qué era aquello tan malo que había hecho para que sus propios padres le desterrasen de su hogar. Y él le respondió “contraer la tuberculosis”
-¿Qué es “tuboculisis”?
-Tuberculosis, una enfermedad, George, la gente creía que se contagiaba por el contacto de aquellas personas que ya la tenían. Pero lo cierto es que no es así.
La muchacha no creyó que una familia dejase marchar a un miembro de ésta por una estúpida creencia, que para desgracia de muchos, era lo que todos pensaban. Todos menos ella. Sus padres se negaron en su día llamar al médico para que le examinasen, pues la visita costaba dinero y no consideraban al invitado un ser importante. Esto enfureció a la joven. Así que, como llevaba tiempo enamorada de él, y él de ella, decidió cuidarle. Ambos se conocieron más a fondo, la joven descubrió que a él también le fascinaba la música de Chopin, sus nocturnos y preludios eran sus preferidos, al igual que a ella. Dijo que, de pequeño, un amigo de su padre le dio clases de piano en Polonia, y que más tarde, por problemas familiares, tuvo que marcharse y abandonar su país natal, él era un crío y no sabía lo que ocurría, pero se lo llevaron aquí, a España. Se quedó hasta ahora, pero por culpa de la enfermedad, tuvo que volver a dejar lugar que amaba, a su familia, y a su amigo más fiel: su piano. Cada día él se encontraba peor, pero luchaba con valentía contra la enfermedad, porque sabía que ahora tenía a alguien más noble y fiel que la familia, y que nunca le abandonaría. La muchacha hizo instalar su piano blanco en la sala de invitados, y allí, cada tarde, ella tocaba una pieza diferente de Chopin solamente para él, para su amado. Un tiempo más tarde, los padres empezaron a preocuparse y a temer por la salud de su hija, y le prohibieron visitar al enfermo. Ella se negó en rotundo a obedecer una regla tan egoísta y cruel, y harta de su incapacidad de decidir y no tener voz en aquella casa, cogió a su amado y se lo llevó a un pequeño monasterio, en busca del refugio de los monjes que allí habitaban. Por suerte, les acogieron con mucho gusto entre sus muros, y les asignaron una celda bastante amplia para ellos dos solos, donde desde el pequeño ventanal se veía el mar. El muchacho comenzó a mejorar su salud desde la llegada al monasterio, pero cuando ya podía andar por si mismo y dar paseos, el tiempo lo arruinaba siempre… y así estuvieron dos meses, los padres de la joven no aparecieron en todo este tiempo por allí, suponiendo que su hija y su compañero ya habrían muerto a causa de la enfermedad, aunque tampoco le importaba mucho lo que hiciesen sus padres, nunca comprendieron sus sentimientos y no eran todo lo amables que ella habría querido que fueran siempre.
Los días en la Cartuja eran largos y pesados, y se hacía notar la ausencia de las notas del piano. Ella también comenzaba a encontrarse mal, a falta del descanso y la alimentación, pues se entregaba las veinticuatro horas del día al cuidado de su amado. Él no podía agradecerle todo aquello que hizo y hace por él, pero deseaba más que nada en el mundo tocar su pieza favorita: Raindrops.
Desgraciadamente no había ningún piano, así que, hartos del silencio, ella encargó que le trajeran su piano blanco que estaba instalado en el cuarto de invitados de su mansión. 15 días más tarde había un hermoso instrumento de cuerda de color blanco situado frente al pequeño ventanal. Durante este tiempo su amado empeoró como nunca, era ya marzo y la época de lluvias aún no había cesado. Respiraba entrecortadamente, tosía sangre, y sus sudores eran más angustiosos que nunca. Ambos sabían que no viviría mucho tiempo más.

Una pequeña lágrima recorrió las arrugas de mi cara.
-Abu, no llores, seguro que en el último momento se salva, ya verás.-dijo Aurora.
-Sí-respondió George-como en las pelis, ¡Siempre pasa!
Les sonreí, siempre amé la inocencia de los niños y su capacidad de ver las cosas siempre por el lado positivo.
Me sequé la cara y continué.

Desde que el piano estaba en la celda todo parecía más alegre, incluso el muchacho parecía recobrar la sonrisa cuando su amada tocaba cualquier pieza de su compositor favorito. Pero, pese al piano y al comienzo del buen tiempo en aquel lugar, el joven se iba desvaneciendo poco a poco hasta que una tarde, a principios de mayo, mientras su ella tocaba el “Nocturne Op.9 No.2” de Chopin, él, en un leve susurro que ella oyó perfectamente, le pidió que le acercara el piano a su cama. Ella lo hizo con ayuda de dos monjes, el joven se sentó en el borde de la cama con la ayuda de su amada y comenzó a tocar “Raindrops”
Unos segundos después de acariciar las teclas del piano, empezó a llover… El sonido del piano y de la lluvia creaban una perfecta armonía, ella jamás olvidaría aquel momento, lloraba de alegría, era el mejor regalo que le habrían podido hacer. Cuando él acabó, volvió a echarse en la cama, la besó, y le prometió que siempre estaría con ella junto a esas notas de lluvia. Después, cerró los ojos, y después tan sólo se oyó el eco de la melodía del piano y el sonido de las gotas de lluvia chocando en el cristal de la ventana.
Contuve mis lágrimas como pude.
-Abu…-comenzó Aurora- ¿Cómo se llamaba aquella chica?
Bajé la cabeza hacia ella.
-Nadia.


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Última edición por Jimena el Dom Ago 01, 2010 5:40 pm, editado 2 veces
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Jimena
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Dom Mayo 16, 2010 6:53 pm

Tu nombre en la arena
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El día 13 de Mayo de 1888 es oficialmente abolida la esclavitud en Brasil.
Salvador de Bahía es probablemente la ciudad mas africana de ese hermoso país y eso queda de manifiesto cuando se transita por sus calles embrujadas.
Si uno se abstrae del sonido de los autos y del barullo de la cotidianidad , es posible escuchar el canto triste de los fantasmas de aquellos esclavos que transitan indiferentes por esos mismos lugares.
Este cuento pequeño es el relato de uno de esos fantasmas...

No lo recuerdas pero nos conocimos hace mucho tiempo atrás.
Tu piel en ese entonces era oscura y tus cabellos infinitamente rizados. Mi piel,como la tuya, también era oscura.
Vivíamos en un poblado en la isla de Itaparica y éramos dos esclavos libres en un Brasil que recientemente había abolido la esclavitud.
Yo te amaba mucho y me parecía un sueño mágico poder caminar tomado de tu mano bordeando las extensas playas de nuestra hermosa isla.
Recuerdo que nos gustaba mirar el atardecer sentados en las rocas e imaginar las costas de nuestra Africa ancestral detrás del horizonte. No había apuro por nada puesto que las horas pasaban sin prisa hasta que la noche se poblaba de un millar de estrellas tintineantes.
No lo recuerdas, pero después de tanto tiempo de miradas furtivas ya no quería separarme nunca de ti y apretaba tu mano con fuerza para sentir que siempre estarías conmigo.
Pero un dia, mientras te esperaba, me reconocí en una de esas playas, solo y distante. Mi piel no era oscura y por algún error del tiempo, esa imagen estaba allí, escribiendo tu nombre en la arena. No era el que tenías entonces, pero era tu nombre.
Comprendí entonces que habría otro tiempo en que ya no podría tomar de tu mano, en que no podría decirte todo lo que te amo, en que estaría solo, distanciado por años y montañas de ti.
Cuando esa tarde llegaste, te abracé con la fuerza de otras vidas, te retuve por horas en ese abrazo mientras te pedía que nunca dejaras de soñarme...
Tu no entendiste cuando miraste la playa y el mar borraba un nombre que no era el tuyo.

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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Dom Mayo 16, 2010 6:59 pm

La Carretera
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Empezó a oscurecer y Antonio encendió las luces del coche. Los faros iluminaban la carretera secundaria, poco transitada a esas horas. El automóvil era un viejo cacharro que pese a los años que llevaba circulando, nunca había dejado tirado a su conductor.
Antonio tenía casi 30 años, su pelo rizado y su fisonomía recordaba a un joven Bob Dylan. Sus amigos, de hecho, le llamaban “el Dylan” por dos motivos; el primero, por su parecido físico, y el segundo, por ser un fanático del cantautor.
“el Dylan” trabajaba como operario en una fábrica de accesorios para muebles frigoríficos. Llevaba al menos 5 años en aquella empresa, no le apasionaba, pero le permitía pagar el alquiler del piso e ir tirando. Era un enamorado de la fotografía, siempre llevaba una cámara encima, por si surgía en cualquier momento la imagen perfecta a inmortalizar.
El coche adelantó a un John Deree pintado con el característico verde de la marca, el tránsito de tractores era frecuente en aquella vía debido a la proximidad de cultivos. Antonio volvía a casa después de una larga jornada de trabajo, la carretera la conocía de memoria, se sabía todas las curvas, cambios de rasante, socavones y baches. Llevaba puesta la radio y tarareaba una canción que sonaba en ese momento, de un tal Mazoni.
–¡Joder! Es una versión de… de Bob Dylan, mmm… Maggie’s Farm ¡Estoy seguro! –Exclamó en voz alta subiendo el volumen de la radio.
El coche de Antonio estaba verdaderamente sucio –Hacía ya muchos meses, muchísimos, que no lo lavaba–. La última vez que decidió llevar el coche a un túnel de lavado –Poco habitual en él–, pidió un servicio integral –Un lavado del interior y del exterior–, pero cuando el lavacoches echó una ojeada al automóvil, éste dijo al Dylan que no le daba tiempo, que mejor pasara otro día, ya que para lavar ése cacharro necesitaba un buen rato.
La sinuosa carretera atravesaba un bosque sobre el que se cernía la fría y oscura noche. El conductor tomó una recta, puso las largas y apretó el acelerador. En ese mismo momento, a cierta distancia, en medio de la calzada le pareció ver a alguien.
–¡Mierda! ¿Pero qué hace esa idiota ahí? –Exclamó al mismo tiempo que frenaba bruscamente y agarraba firmemente el volante con ambas manos.
El frenazo fue largo y pronunciado, dejando buena parte de los neumáticos en el asfalto. Frente al coche había una chica iluminada por los faros del automóvil, la joven era morena con el pelo liso y largo, vestía un abrigo oscuro y una mini falda blanca que apenas le cubría el trasero. Unas medias oscuras protegían sus piernas del frío y calzaba unas botas de caña alta, que le llegaban casi a la altura de las rodillas. Llevaba colgado del hombro un bolso plateado que brillaba con intensidad debido a las luces del coche.
–¿Estás loca? ¿Quieres que te maten? ¿Qué haces en medio de la carretera? –Inquirió Antonio, sacando la cabeza por la ventanilla.
–¡Ayúdame! ¡Necesito que me lleves! ¡Pronto! –Respondió la muchacha dirigiéndose al coche y abriendo la puerta del acompañante.
–¿Estás pirada? ¿Y a dónde te tengo que llevar?
–Aún no lo sé, ¡Pero arranca ya! –La mujer subió al automóvil y se puso el cinturón de seguridad ante la mirada atónita del conductor.
–¿No lo sabes? ¡Estás como una puta cabra! –Antonio emprendió la marcha mientras observaba fugazmente la belleza de la chica–. Dime ¿A dónde te llevo?
–No sé, déjame pensar ¿Vale? –La chica miraba con nerviosismo hacía atrás, parecía asustada– ¿Pero has visto que coche llevas? ¿Cómo puedes llevar un coche tan sucio? –Preguntó pasando un dedo por el salpicadero lleno de polvo.
–¡Oye no hagas eso! ¡Deja en paz mi coche! ¿Será posible? Encima que me das un susto de muerte y te recojo, me vas a buscar pegas al carro ¡Joder!
Antonio vio por el retrovisor como las luces de un coche se acercaban rápidamente hacia ellos. La muchacha asustada se recogió el pelo con una goma y rogó al conductor que acelerara.
–¡Oye! A mi no me vas a decir como tengo que conducir, ni si tengo que correr o no. ¿A ti que te pasa? ¿Es que has nacido para mandar? ¿Te esperan en algún sitio? ¡A ver cogido un taxi! ¡Joder! –Antonio redujo la velocidad, no le gustaba que esa chica le dijera lo que tenía que hacer.
–¡Maldita sea! ¡Palurdo! ¡Vienen a por nosotros! ¡Acelera! –Gritó la muchacha sacando una pequeña navaja de su bolso, blandiendo la hoja del cuchillo peligrosamente a un palmo del cuello del conductor.
–¡Mierda! ¡Estás como una chota! ¡Vale, acelero! ¡Pero deja de amenazarme con esa navaja o nos mataremos los dos! –Antonio aceleró, se percató que no era buena idea llevarle la contraria.
–¡Es Boblitz! –Exclamó la mujer mirando atrás, viendo que el coche se acercaba a gran velocidad.
Antonio apretó el acelerador, pero su cacharro era viejo y encima a gasoil, por lo que no destacaba en potencia y rapidez. De esta forma, el automóvil que conducía Boblitz, alcanzó rápidamente el coche donde iba la pareja, golpeando la parte trasera del viejo trasto.
–¿Pero ése imbécil que hace? –Dijo Antonio sorprendido cogiendo con fuerza el volante–. ¿Todos tus amigos son así, payasa? –Por más que apretara el acelerador, el sucio y polvoriento coche no daba para más, no lograba despegarse de su perseguidor.
–¡Deja de hacerte el gracioso! ¡Y compra un coche como Dios manda! ¡Es increíble que puedas llevar una birria como esta! –La chica estaba nerviosa pero no por ello, perdía los papeles.
Ambos coches tomaron una larga recta, Boblitz decidió adelantar al sucio trasto con la intención de echarlo de la calzada, poniéndose a su altura. Cuando el perseguidor se puso a la altura del perseguido, Antonio pegó un frenazo que casi le hizo perder el control del coche. Boblitz vio como dejaba atrás el cacharro con ruedas y cuando reaccionó para frenar, ante él, apareció un tractor de grandes dimensiones que salía a la carretera proveniente de una pista forestal. El coche del perseguidor chocó contra la mole ante la mirada aterrorizada de Antonio y la chica.
–¡No te quedes parado! ¡Larguémonos! –Gritó la chica dando un golpe en el cogote de Antonio.
–¡Estás como una cabra! ¡Eres una psicópata toca huevos! ¿Quién me mandaba dejarte subir? ¡Mierda! –Antonio aceleró, dejando atrás el coche de Blobitz convertido en un amasijo de hierros y chatarra.
–¿Quién era ese tipo? –Preguntó Antonio al rato.
–Un cliente, soy prostituta, por si no te habías dado cuenta. Y ese capullo un cliente que me pidió ciertos servicios que yo no doy. El imbécil se me puso violento cuando me negué y me golpeó, mira –La chica se subió la camiseta, mostrando los cardenales que llevaba en la espalda.
–Vaya… –Antonio observó las contusiones– menudos moratones ¡Que bruto el cabrón! ¿Te llevo a un hospital?
–No guapo, estoy bien, gracias. La próxima giras a la izquierda, allí hay un hotel que no está mal, me quedaré ahí.
–Muy bien. Que cabrón el tío, por negarte a unos servicios te pega y luego incluso está dispuesto a matarnos. ¡Ese tipo era un colgado muy radical! –Antonio sospechaba que la chica le ocultaba algo.
–Bueno, hay gente muy rara, ya lo sabes. Oye perdóname si he sido muy brusca contigo, pero es que todo ha pasado muy rápido ¿vale? –La chica dio un beso en la mejilla de Antonio.
–Vaya, ahora resulta que eres dulce y todo. Creía que únicamente sabías dar órdenes, amenazar y meterte con mi coche.
–¡Que tonto eres! –Dijo la chica dando otro beso y acariciándole el pelo–. Mira, el hotel está allí ¿Lo ves?
Antonio aparcó frente el hotel y miró a la chica. Realmente era una mujer muy guapa <> –Pensó.
–¿Quieres cenar conmigo y te quedas a dormir? Después de lo que has hecho, estoy en deuda contigo y además pareces un buen chico –Dijo la prostituta sonriendo y dando otro beso en la mejilla de Antonio.
–¿Cómo?...mmm… Me parece que sólo podría aceptar la invitación con una condición.
–Dímela, igual acepto –La prostituta se soltó el pelo y sacó un cepillo del bolso. La chica esperaba oír la condición mientras cepillaba su negro y liso cabello.
–Mi condición es hacerte unas fotos, me gusta la fotografía y creo que serías una modelo ideal.
–¡Eso está hecho hombre! Venga, vamos a cenar ¡Estoy muerta de hambre! –Guardó el cepillo en el bolso y dio otro beso a Antonio, esta vez en los labios.
En la cena prácticamente no hablaron, comieron rápido y no tomaron postre ni café. Una vez en la habitación, la chica empezó a quitarse las botas ante la mirada de Antonio. Éste se acercó a ella y se puso de rodillas para quitárselas él mismo. La chica sonrió y él acarició la mejilla de la prostituta. Los dos se pusieron en pie y se fundieron en un abrazo, un abrazo como hacía tiempo no disfrutaba ninguno de los dos. Luego se miraron durante un instante sin pronunciar palabra y se besaron suavemente, sin prisas, como si dispusieran de todo el tiempo del mundo.
–¿Eres siempre así de dulce con las chicas? –Preguntó la mujer mientras desabrochaba los botones de la camisa de Antonio.
–Claro que no, sólo puedo ser así cuando una chica me gusta –Dijo al tiempo que acariciaba la espalda llena de moretones de la prostituta.
–Vaya ¿Entonces te gusto?
–Sobran las palabras –Susurró, besando a la chica y llevándola a la cama.
Eran las 3 de la madrugada y Antonio encendió la luz de la mesita. Miró a la prostituta, estaba desnuda, dormía de costado, su cuerpo era precioso y su cara angelical. Antonio se levantó y cogió la cámara e hizo unas cuantas fotos sin flash a la mujer, intentando aprovechar al máximo la escasa luz que había en la habitación. Guardó la cámara, se acostó de nuevo, apagó la luz de la mesita y abrazó a la chica.
Los ruidos del servicio de limpieza le despertaron, había dormido de un tirón después de hacer las fotos. En ese momento le parecía irreal todo lo sucedido la noche anterior. Con los ojos aún sin abrir buscó con la mano el cuerpo de la prostituta, no lo encontró, los abrió y vio que estaba sólo en la cama. La chica no estaba en la habitación. El hombre tragó saliva, sintió como una especie de pinchazo en el pecho. En ese momento lo que más deseaba era acariciar y besar a la mujer con la que había pasado la noche. Subió la persiana de la ventana para que entrara la luz del día. Con un sentimiento de tristeza se fue a la ducha pensando en los labios suaves y húmedos de la chica. Se vistió recordando a la prostituta en medio de la carretera haciéndole detener el coche.
Fue entonces, cogiendo el reloj de la mesita, cuando vio un sobre con una nota;
Querido Antonio,
Te agradezco todo lo que has hecho por mí. No sé si volveremos a vernos, espero que sí. No podré olvidarte, tus besos y tus caricias han significado mucho más de lo que puedo explicarte en esta nota.
Siempre tuya,
Ana
PD “Cómprate un coche”
Junto a la nota, Habían 12.000 Euros en billetes de 500€. Antonio perplejo se sentó en la cama con los billetes en una mano y la nota en la otra.


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Última edición por Jimena el Dom Ago 01, 2010 5:48 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Miér Jun 16, 2010 7:19 pm

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En el otoño de la vida, una rosa roja se abrió para Rosario. Ella, con mirada sombría retrocedía en el tiempo hasta el día aquel en que conoció a Marcos.
Era una tarde de gruesa lluvia en el campo. A ella le encantaba sentir el agua cayendo por su cuerpo, la convertía en parte de esa tierra que tanto amaba, se paró un momento en medio de la lluvia y cerró los ojos… después, alguien depositó en sus labios un tibio beso. ¿ Quién sería?
Rosario abrió de sopetón sus ojos y su mirada se chocó con la presencia del muchacho que le enviaba cartas anónimamente, de aquel que la amaba en secreto.
Ella estaba enamorada de él, aunque suponía, no lo conocía, pero en ese instante su corazón revoloteó tanto que en seguida supo identificar a aquel que tanto había esperado.
Caminaron juntos bajo la lluvia y luego, sólo el tiempo supo lo que pasó.
Lágrimas amargas dejó aquella separación y el juramento eterno de amarse aunque no estuvieran juntos.

Ahora, cincuenta años después, Marcos aún la pensaba, quizá mucho más que antes, y Rosario, a través de la luna, le enviaba su eterno amor.

Esta es la historia de dos soledades compartidas en la distancia, soledades que, por las bifurcaciones del camino, no pudieron juntarse.

La noche ya caía y el resplandor de la luna brillaba con todo su poder. Era un 20 de enero y Rosario moría… lo último que vio fue una rosa roja en mitad de la luna llena; mientras tanto, lejos de allí, Marcos también moría mirando la misma rosa Roja que miraba Rosario… aquellas soledades rotas se juntaron al anochecer de la vida, para nunca más despertar.
Los enterraron juntos, -aunque sin saberlo-, en mitad de una montaña de tierra blanca que, a sus faldas tenía latente el corazón de una laguna azul profundo que hacía armonioso juego con el azul de las nubes.
Desde lo alto de aquella montaña blanca, el mundo era para los dos, al fin.
Aquellos dos corazones conservaron la esperanza, aún sobre la misma muerte, y fue esa muerte la que les dio vida eterna, a través del dulce néctar del amor
.



Última edición por Jimena Izambard el Mar Jul 13, 2010 6:11 pm, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Miér Jun 16, 2010 7:24 pm

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En un pequeño pueblito español, rodeado de hermosa campiña y famoso por los vinos exquisitos que en él se elaboraban, vivía una dulce y preciosa chiquilla a quien llamaban Carmen la del Mesón. ¿El por qué del mote?. Su padre era el dueño del mesón del pueblo, en el cual, cada noche, Carmen lucía su arte para cantar y bailar pues su hermosa voz de contralto acompañaba a su exquisita y grácil figura trigueña donde sobresalían un par de preciosos y razgados ojos gitanos orlados de misteriosas pestañas negras que ensombrecían su mirar y que aunadas a una larguísima y ensortijada cabellera como el azabache hacían que fuera una gloria fijar la mirada en ella; y cuando bailaba…Ah, cuando bailaba… sus pies se movían ágilmente sobre el entarimado, permitiendo entrever un par de hermosísimas piernas largas y esbeltas que completaban el maravilloso físico de la niña más hermosa del lugar.
Ante tanta perfección, fácil es imaginar cuantos jóvenes habían caído rendidos ante sus encantos pero ella a todos los desanimaba, brindándoles una cordial y sincera amistad.
Una noche, el mejor partido de la región, dueño de muchísimos viñedos y hatos ganaderos, ve a Carmen y se enamora de ella; durante algunos meses la corteja con la aprobación de sus padres y de Don José, el mesonero; pero es en vano, a pesar de haberle cobrado especial cariño a Juan Ramón Pedraza, que así se llamaba el galán, Carmen comprende que no es el AMOR, así con mayúsculas que ella esperaba en su vida, el sentimiento que la une a él y así se lo hace saber y aunque el sigue amándola, quedan como buenos amigos.
¡ Festival del vino! ¡Fiesta Patronal del pueblo!. Entre las muchas actividades hay anunciada una corrida de toros para lo cual han acudido un grupo de jóvenes diestros que buscan la experiencia que los llevará a la gloria en estos cotos pueblerinos; y la cantidad de turistas es también respetable; por la noche, el punto de reunión es el mesón, al no haber en el remilgado pueblecito, discotecas y otros centros nocturnos de diversión; allí se dan cita los jóvenes del pueblo formando abigarrada concurrencia con los fuereños y entre tanta flor linda, destaca Carmen, quien rodeada de amigos ríe feliz, esperando el momento de su actuación, hasta que el corazón le da un vuelco y pierde la sonrisa, asaeteada por la mirada de un par de ojos verdes que se rinden de admiración ante su belleza. Poco después, amigos comunes los presentan y ella se entera que es uno de los toreros que actuara en unos días más, de nombre Gerardo Mayorga “El Niño de la Capea” y él se anoticia de que ella es la hija del dueño del mesón.
A una hora respetable, Carmen presenta su actuación, arrancando cálidos aplausos de la concurrencia que no duda en premiar su arte y apoderándose para siempre del corazón de Gerardo.
Entre ambos jóvenes nace una cálida amistad que rápidamente se convierte en amor sin que ambos se den cuenta hasta que una noche que impensadamente sus labios se unen, ambos expresan su cariño a borbotones: “ Te amo, Carmen. Nunca me separaré de ti”. Ella responde, conmovida y gozosa: “ Amado mío, siempre estaremos juntos”. Y así entre abrazos, besos y juramentos, se separan jurándose amor eterno.
Esa noche, ninguno de los dos pudo dormir, ante el hecho, inminente de haber encontrado el amor; los 18 años de Carmen brillan felices por haberlo hallado y los 22 de Gerardo sienten colmada su virilidad al haber encontrado a la dueña de su corazón, tanto tiempo ansiada.
Tarde calurosa, el sol brilla en todo su esplendor y el coto taurino, lleno a reventar, vibra con cada faena de los toreros…y llega el turno del “ Niño de la Capea” que sale al ruedo garboso y valiente y cuyo actuar arranca fervorosos olés del respetable. En un mágico momento, unos ojos negros se enredan en una mirada verde y Gerardo brinda el toro a quien ya considera la dueña de su corazón. El mesonero y todos los que estaban al tanto de este tierno romance sonríen cómplices al constatar esta pasión…pero ¡ Oh, infortunio! ; el toro coge al infortunado y desprevenido torero y lo ensarta con las astas a la altura del bajo vientre. Dos compañeros logran soltarlo, se oye un horrísino grito y Carmen corre hacia él. Se arrodilla junto a Gerardo y le pide: “ No te vayas, no me dejes” pero solo logra ver sus ojos vidriados por la muerte y escuchar sus últimas palabras: “ Siempre te amaré”. Carmen recoge su postrer quejido y exhalando su último suspiro, Gerardo cae exánime en los brazos de ella.
Carmen se desmaya fulminada por la pena y es inmediatamente auxiliada por su padre que ayudado por un médico, la hacen recobrar el conocimiento. Seis días permaneció Carmen en su cama abatida por el inmenso dolor que sentía, sin querer comer ni dormir, en una clara resistencia a vivir, a seguir existiendo sin él.
Un día, los que la acompañaban, la vieron incorporarse y la escucharon susurrar: “ Gerardo, querido mío, ayúdame a ir hacia ti y contigo, al cielo” y sonriéndole a alguien que solo ella veía, murió.
Las almas de los dos jóvenes enamorados se fueron para siempre y juntos al cielo.



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Última edición por Jimena Izambard el Lun Jun 28, 2010 8:50 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Lun Jun 28, 2010 7:17 pm

Del otro lado de los sueños
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¿Cómo es la vida del otro lado de los sueños?- preguntó ella casi en un susurro cerca de su oído.
El tren en que viajaban corría sobre la superficie de un océano resplandecido por las estrellas que iluminaban el cielo. El se quedó mirando el reflejo de su rostro que se confundía con los destellos del mar tratando de encontrar una respuesta.
Esa noche, como todas las noches, se había dormido con la ansiada esperanza de volver a encontrarla en sus sueños y aunque el esfuerzo por no dejarse arrastrar por paisajes de la infancia y otros recuerdos era considerable, finalmente se alivió cuando escuchó el ruido acostumbrado de las ruedas metálicas sobre las vías.
Viajaban en un tren completamente iluminado, como el que veía muchas veces en su camino de regreso a casa. Y ella estaba sentada a su lado, sonriente y radiante como la recordaba en otros sueños.
-¿Cómo soy yo del otro lado de los sueños?- volvió a preguntar ella sin esperar respuesta a la primera pregunta.
- Eres distinta- respondió él. -Ya no habitas los mundos mágicos que alguna vez creamos y siento que cada día que pasa te vas alejando mas y mas en una distancia que se hace infinita. Es por eso que sigo buscándote en cada sueño porque se que aunque todo esto es pasajero, es hermoso vivirlo mientras dura porque no hay distancias de años ni de montañas entre tu reflejo y el mio.
Ella se acercó a la ventanilla y dejó que su aliento tibio empañara un pedazo del cristal. Entonces con un dedo dibujó en él un barco.
-¿Te acuerdas? - preguntó sonriente.
Su mente se extravió por calles y cerros llenándose de poesía al tiempo que también sonreía moviendo afirmativamente la cabeza.
El andén estaba desierto cuando descendieron del tren y la luz del Faro que habían construido en muchos otros sueños apenas se divisaba en medio de la niebla.
Un sonido monótono y persistente se escuchó de pronto
-No quiero despertar - suplicó él mientras caminaban presurosos hasta el Faro.
Pero ella se detuvo para sentarse en una roca de un costado del camino. Miró sus manos y tocó su rostro.
-Creo que ya estás despertando - le dijo sin dejar de sonreír- mira como empiezo a desvanecerme al igual que los caminos y todo lo que aquí hay.
El trató de retener ese lugar, tomarla de la mano y evitar que se confundiera con la niebla, pero finalmente el sonido del reloj terminó por borrar todos los caminos y apagar la luz del Faro, como ocurría inevitablemente todas las mañanas.
El día tendría que pasar con su rutina cotidiana, rápido, muy rápido hasta que nuevamente un tren iluminado irrumpiera en sus sueños...como todas las noches.




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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Mar Jul 13, 2010 6:09 pm

Chicas les dejo la historia sobre el amor y la locura


Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando El Aburrimiento había bostezado por tercera vez, La Locura como siempre tan loca, les propuso:
¿Vamos a jugar a las escondidas?

La Intriga levantó la ceja intrigada y La Curiosidad sin poder contenerse
preguntó: ¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?

Es un juego, explicó La Locura, En que yo me tapo la cara
y comienzo a contar, desde uno a un millón mientras ustedes se esconden y cuando
yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi
lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailó secundado por La Euforia. La Alegría dio tantos saltos que
terminó por convencer a La Duda, e incluso a La Apatía, a la que nunca le
interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, La Verdad prefirió no
esconderse. ¿Para qué? si al final siempre la hallan. La Soberbia opinó que
era un juego muy tonto (En el fondo lo que le molestaba era que la idea no
hubiese sido de ella) y La Cobardía prefirió no arriesgarse...

Uno, Dos, Tres...; comenzó a contar La Locura. La primera en esconderse fue La
Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe
subió al cielo y La Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que con su
propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía
maravilloso para cada uno de sus amigos, que si ¿un lago cristalino?: Ideal para
La Belleza. Que si ¿la hendija de un árbol?: Perfecto para La Timidez.
Que si ¿el vuelo de una mariposa?: Lo mejor para La Voluptuosidad. Que si
¿una ráfaga de viento?: Magnífica para La Libertad. Así terminó por ocultarse
en un rayito de sol.

El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio,
ventilado, cómodo... pero sólo para él.

La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (Mentira, en realidad se
escondió detrás del arco iris) y La Pasión y El Deseo en el Centro de los
Volcanes.

El Olvido... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es importante.

Cuando La Locura contaba, El Amor aún no había encontrado sitio para
esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que divisó un rosal y
enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón; contó La Locura y comenzó a buscar. La primera en
salir fue La Pereza sólo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó a La Fe
discutiendo con Dios sobre Teología, y La Pasión y El Deseo los sintió en el
vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a La Envidia y claro, así pudo
deducir dónde estaba El Triunfo. El Egoísmo no tuvo ni que buscarlo; Él solito
salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De
tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a La Belleza y con La
Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin
decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, El Talento entre la hierba fresca, a La Angustia
en una oscura cueva, a La Mentira detrás del arco iris... (mentira, si ella
estaba en el fondo del océano) y hasta El Olvido... que ya se le había olvidado
que estaba jugando a las escondidas, pero sólo el amor no aparecía por ningún
sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la
cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las
rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un
doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor: La
Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta
prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la
tierra...

El Amor es ciego y La Locura siempre lo acompaña.
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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Dom Ago 01, 2010 6:06 pm

Pensamientos
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Tú eres poesía Tú eres mi vida
Tú eres el infierno en el que muero cada día
Él y ella miran la luna confiándoles sus sueños y esperansas,
más sólo ella sabe lo diferentes que ellos son
Es la misma luna la que miran los enamorados que los que tratan de olvidar


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MensajeTema: Re: Cuentos Romanticos   Lun Ago 09, 2010 8:28 pm

EL RECUERDO DE UN AMOR PERDIDO...
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El recuerdo de un amor perdido, una nostalgia marca una vez más tu corazón, de pronto, la melodía que te recordaba a aquella persona empieza a sonar. Contemplando tristemente el jardín durante la noche, una noche sin luna y sin estrellas, inspirando el aroma de la soledad, inspirando la fragancia del recuerdo de un amor perdido que aún no se encuentra en el olvido, mis ojos brillan con ternura, y mi cuerpo tiembla al sentir el soplo del viento lleno de suspiros.

Levantando la mirada, busco a la luna y a las estrellas, les reclamo una respuesta, la luna, reflejando una luz muy tenue, intenta brillar más para tratar de consolarme haciéndose presente, sin embargo, las nubes cargadas de llanto, cubren el cielo intentando ocultar la luz infinita de la luna y las estrellas, para que finalmente dejen caer la garúa de sus lágrimas.

Mis ojos desorbitados y pensativos, reflejando los abismos de la soledad ocultos en mi alma, tratan de recordar aquellos días en el cual aquel amor no estaba perdido, tratan de recordar los momentos felices que pasó mi corazón cuando ella estaba presente, cuando podía oír su risa, su voz, su forma de hablar, cuando me decía que me quería, cuando podía ver su rostro, su modo de mirarme a los ojos, sus manos tomando las mías.

No obstante, los espasmos de la soledad me hacen volver a la triste realidad, vuelvo en sí, vuelvo a sentir el soplo del viento, y mi cuerpo vuelve a temblar, cierro mis manos formando un puño, y me pregunto a mi mismo, ¿cuál seria la historia si aquel amor no se hubiese perdido?, y otra vez el mismo triste silencio brota de mi corazón, levanto la mirada una vez más, buscando otra vez una respuesta en la luna y en las estrellas, pero el soplo del viento junto con la triste garúa que brota de las nubes, me abofetean la cara y una vez más vuelvo en sí, y pienso, y me doy cuenta de que todo lo que sucedió no es más que el triste recuerdo de un amor perdido, que tropezó una vez más en nuestro camino.

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